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miércoles, 30 de julio de 2014

Añoranzas y pasiones.

Si bien ya había publicado algunas viejas notas en facebook, la decisión de abrir esta pagina fue y es actualmente la catarsis de una trasformación en mis letras, de las cuales ustedes verán desnudas. He aqui un cadáver desenterrado de esas memorias que aún almaceno en versos que no tienen rimas.Rimas que he compartido con un viejo colega, un pequeño "frankenstein" creado a base del dolor de dos almas que fueron separadas de una musa.

Añoranzas y pasiones.
(Cadáver exquisito en colaboración de un viejo amigo y hermano.)

         I
La veo, la siento,
su cabello negro tiene Sol.
Me quema dentro
y casi pierdo la razón,
cual fuego de infierno,
me quema el corazón.


Me cala en las entrañas,
el fulgor de su mirada
despierto en su recuerdo
prisionero de sus labios.

              II
¡Impuro deseo, maldito tentador!
Arde en el edén mi desgracia,
he perdido ante experto apostador,
sueños que a mi alma no deja.
¡Usurero!, ¡Maldito ursurpador!


Así me conocen en el bajo mundo,
quien diría que una musa
me llevaría de nuevo a la luz
de su sonrisa; hoy un fiel recuerdo
alejándome de aquello que es inmundo.


El tiempo huye y pasará la hora;
mas el alma incansable se desvía
a cada flor, a cada melodía,
y anda y desanda su camino...
Ahora aguarda un nuevo día.


Descansa amada mía,
a mi espíritu aguarda el norte,
se feliz aunque no pueda verte
brilla cual flor de primavera,
y deja que de encanto te desnude el rocío.


Y como la avidez va fustigada,
como la tentación cambia de nombre,
ya ni la vida ni la muerte, nada
tocaré por mi orgullo de ser hombre.
Ésta es mi ley...
Que siga la jornada.

         III
Jornadas pasan,
fatigada de los días,
no vive del recuerdo,
ella es tarde de abril;
y muy dentro en mi pecho,
guardo luto de mi vicio...
sus pupilas.


Aquel otoño de grises cabellos,
de miradas hondas y faz tranquila,
se llegó tan despacio en mi vera,
que no me dí cuenta que ya venía,
con la frente preñada de ensueños,
con aquella vaga sonrisa
llena de añoranzas
y melancolías.


Caían las hojas y quebraban,
el lugar donde sus sueños volaban;
el otoño llego cual ataúd al camposanto
a su corazón que no aliviaba,
las resacas de su amor sacrosanto,
quien plagaba de oración pagana
y uno que otro desencanto.


Y mientras reconstruyo todo el pasado, y pienso
en los instantes frívolos de mi divagación,
se me va despertando como un afán inmenso
de sollozar a solas y de pedir perdón.

               IV
Me recuesto bajo el retablo,
y san Pedro nos mira;
con mirada fría y esquiva,
nos ha negado el cielo.

Busco en mi pena
una remembranza que se escapa
pero ahí la guardo con recelo,
el firmamento en el alba
y en la cuna de sus lunas,
cual viejo tesoro olvidado
encuentro una salida.


Sentir el lazo espiritual, el fuerte
nudo que le mantenga constreñida
al divino favor de la muerte
es un ritmo de tantos de la vida.

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