El otoño es rey de las tardes de octubre, mientras vivía avasallado de su legado, la pluma del cuervo echaba a volar la imaginación y nació de aquellas ideas que dejó casi moribundas, a la deriva de una noche; Una nocturna otoñal...
Nocturna
otoñal.
Incomode a Morfeo aquella
madrugada,
Con la ansiedad dominando las
entrañas
El frio incesante no consolaba,
El susurro de aquel efímero
misterio.
De un sueño que escribía,
Con la tinta incesante de la incertidumbre,
Un soneto con dedicatoria a
antaño sentimiento.
Contemple una vez más el recuerdo…
Portaba un pétalo, el color del
otoño
Y olvidado de aquellas nebulosas
lunas
Desnude la triste angustia de no
verte.
Y con una ternura agonizante,
Desdeñe de un libro de
fotografías
Viejas memorias que en tiempo
Mi mente no escatima.
Y solo queda:
El clamor de la brisa de la
primavera
Unos tragos de licor;
El sabor de los desamores.
Y esa vieja libreta,
En la que ahora guardo en versos
El olor amargo de esas flores.
Flores que deje marchitas en un retablo;
Viejo inmueble que vio en mi poca
fe abortada
Añejada en la mirada de la
soledad reflejada.
Bajo aquellos santos que el rezo
no invoca,
Evocaba los misterios de un cielo
negado.
Clamaba al silencio tu regreso y
pensaba:
¡Como extraño aquellos días de
otoño!
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