Aquella tarde me disponía a beber un sorbo de la amargura que en mis vagos pensamientos habitan para tomar la maleta y viajar solo... A un recinto enigmatico,una ciudad decorada de todos esos sentimientos de los cuales mi alma carece, pues de ellos de hambre muere. Era pués una mañana acariciada de colores marrón, que despeinaban el cabello de las transeuntes, que resignadas a las cadenas del trabajo, pintaban sus lienzos vivos con estigmas de hermosura. Miraba hacia la ventana, no encontraba mejor templo que el silencio en mi mente al observar la claridad de una ciudad que con júbilo llenaba su cielo de nubes que entintaban el cielo vespertino, haciendo alegoria de canto al sol.Seguía observando hacia la ventana de aquel vagón en la espera de encontrarla imaginante, como aquellos días que hasta hoy permanecen distantes,efímeros.
Mis pesares, demonios a los que la ciencia llama "pensamientos" me atormentaban aquella tarde de sol afilado y de cenit interminable.Pero aun en aquella sofocante situacion las musas secuestraron lo poco que quedaba de mi mente "pensante" de castillos de arena que sin nacer, se han quedado cimentados en el reino de lo intangible, llevandome a salir de la estacion del metro y obligandome a sentarme en una banca enfrente de la ciudad de los palacios,contemplando el pasar de Cronos en su carroaje vanagloriado de olvido sobre un recinto lleno de cristales que buscan la posteridad en mi mente y en las letras de un viejo cansado al que llaman Cuervo.
Imaginante de castillos de cristal.
Imaginante de castillos de cristal,
soñadora transeunte; reina del claroscuro
de formas distantes,
de figuras aformas.
Residentes colores,
formas asexudas; paseantes cristalinas.
Posado entre cristales
de mentes rotas, otras veces quebradizas.
Corazones que olvidan,
que abandonan
veneno es su pasado,
se intoxican, se hieren.
No hay flores; dejarón de nacer
entre sombras vivas;desnudandose
solo formas, danzantes de norte a sur.
Bailan con el viento, se dejan llevar
imaginantes son de mundos grises
imaginantes fugas de la ciudad clara.
Ciudad contrastada,
con el reflejo de su mezquindad.
Soñadores de musas
que se van...
Desnudas corren hacia algun lugar.
Deseosos los hombres las llaman,
donde la muerte no tiene lugar.
Ingeniosos de este castillo de cristal.
Los hombres pasan,
los miro pasar
danzan con la luna,
cautelosa observa.
Son un espejo acuñado de emociones.
Viajan certeras sin rumbo,
con destino a la locura,
desechas en hojas de papel
que vuelan hacia la nada.
El espejo se rompe.
Se vuelve un puñado de fragmentos.
Se oxidan ante las lagrimas de un cielo taciturno.
Apolo observa,
las musas nadan; yo observo
las musas nadan; yo observo
las he descubierto en tu pupila; se bañan en ella.
El sexo no importa,
me llama tu cara.
El rostro sublime
de la primavera encarnada.
Soñadora transeunte
de lo que intangible es,
e intangible tu castillo; framentado en arena.
Los cristales
pedazos de almas rotas
que hieren a la sombra
de tu ciudad impía.
Pedazos que recubren la ciudad
reflejo de sus muertes y añoranzas.
Deseos muertos con vida propia.
Ciudad que me es prohibida.
Sin pensar me adentro en ella.
Es cautelosa, paseante eterna
turista de adornada castidad.
En sus callejuelas que gritan,
en sus callejones que aman
en sus calles que lloran.
En sus casas que cuentan historia,
cuentos de imaginantes pasados
reflejos de su vida los cristales.
Noches de bohemia seduccion
en cada esquina me ves de ti cerca volar,
imaginante de castillos de cristal.