Translate

domingo, 17 de mayo de 2015

Bajo la espada del ángel.


Pasaron ya cinco años desde que partió, le añoro. Cada madrugada a mi mente viene su recuerdo que se plasma como oleo al lienzo, esos son mis recuerdos. No la he olvidado ¿Como?
-Habita en mí.- Su ausencia solo es el pilar fragmentado de mi corazón herido.He vuelto al camposanto, vagué entre tumbas y nichos hasta llegar donde su cuerpo inerte reposaba.Nos separan tres metros, sobre el piso el hedor a nostalgia y muerte invaden los recuerdos. Ese deseo de añorarla es mi penitencia. Condena que mis labios embriagados de soledad, entre vasos de licor, factura pagaban. Han grabado su nombre en aquella cripta de mármol junto a la ermita, las flores crecen a su alrededor, incluso en la muerte sigue hermosa. Llevo por estandarte su mirada que guardo en una fotografía, mis pasos son lerdos para dirigirme a donde su cuerpo reposa. Un ramo de flores blancas ya marchitas adornan el lugar donde se encuentra la tumba. Las cambio por un ramo de flores rojas, la memoria me falla, he olvidado  como se llaman, pero no me olvido de su nombre que esta en mi pensamiento a toda hora.Las dejo al pie del ángel que acompaña su descanso. Su aroma regresa a mi mente y me echo a llorar sobre aquel nicho cubierto de polvo y recuerdos que la luna ha dejado sobre aquel camposanto. Nos separan los huesos aquella cubierta de piedra y en mi tristeza el ángel observa sin decir nada. La recuerdo entre lágrimas que se mezclan con la tierra que ha manchado el abrigo que llevaba puesto esa tarde. A paso lerdo el tiempo rebasa mis remembranzas, su sonrisa a mi memoria viene deprisa, una mueca se apodera de mí. El ángel observa inerte, lloro ante sus pies, ruego que ella regrese aunque fuse un instante... Su espada sobre mi cabeza regocija la penuria. Bajo su filo me levanté, besé aquel epitafio que adorna su última morada y su nombre pronuncié en busca de consuelo. Por las callejuelas caían las hojas de aquella tarde taciturna... En mis pasos el crujir de las hojas ingobernables; el otoño se había presentado ante mí como anfitrón de mi deseo... Tú.