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lunes, 28 de octubre de 2019

Sueño

Sueño que caes del cielo
y te postras ante la indiferencia del hombre
caes en un mundo que apetece
pero de hambruna muere insensato.

Sueño despierto su llegada
espera imprudente
de quien nunca llegara;
espero al alba una vez más.

Sueño de los hombres que ruegan
a los dioses y a las musas
una pizca de consuelo para aquellos
que se hunden el exceso de los vicios.

Sueño de consuelo y señuelo de los pobres
de los que carecen de espíritu,
de los que de fango alimentan su orgullo
sueño de una mañana sin hambre.

Sueño que se enciende al reposar
 y que se consume lentamente al despertar
sueño que no trasmuta en libertad y deseo
pues solo es eso; un sueño, un sueño nada más.

Un sueño no es más que nuestros anhelos;
nuestros deseos desbocados
en un infinito mar de posibilidades
donde gobiernan diversas realidades.

Hambre de sueño, ¡oh, Morfeo!
paraísos no encontrados
castidad  itinerante provocada
por el fuego de la soledad y la nada.

Que es la nada sino la madre;
la musa plañidera que solloza
los versos de poetas y juglares
sobre canciones de viejos amantes.


Hambre de conocimiento,
Prometeo, señor del fuego,
de verdades antiguas; devorador innato
de fulgor naciente de sabiduría.

A los dioses has robado lumbre
que los hombres deseaban con anhelo
eso que tomaban por un sueño
que por rebeldía y sin escrúpulo has tomado.

Sueño, opio de los que sufren,
de los errantes sin destino
caminantes sin camino por andar
hombres de ilusiones al borde del quebranto.

Ilusiones desquebrajadas de sentir
los dolores que afloran del alma
¿Que puede curar esta angustia,
 por el temor al sueño de la muerte?

Muerte, sueño eterno, condena de abandono
somnolencia eterna, el final de la vida efímera
señora de los que apaciguados y extasiados por la vida,
con fervor a vuestro yugo se entregan.

¿Es a su señoría a quien temo?
Más bien el olvido, la añoranza de esos momentos;
remembranzas de lo que se ha vivido,
eso es lo que el hombre teme.

Temor es sacrilegio al camino andado
ensueño cruel  de los amores prohibidos
que con mal moneda son pagados,
muchas veces al destierro relegados

Sin cambio por recibir,
pues parece de más valor una herida,
que el recuerdo de un amor bien dado,
que la proeza de compartir con alguien una vida.

Acaso el sueño de los amores,
¿Ha sido devorado por el orgullo?
¿Que son los temores del hombre?
¿La perdida de lo que se ha amado?

No tememos a la muerte como ente,
sino a lo que ella lleva a sus espaldas,
la hoz del dolor y de la angustia
forjadas sobre nuestra suerte.

28/10/2019